LAS NUEVAS EXPECTATIVAS

Nexian Training

Por Antonio Lamadrid (*).

La actividad económica siempre se ha desarrollado en función de lo que, colectivamente, la mayoría pensaba, estaba convencida, la convencían o le llegaban a hacer creer en torno a la previsible evolución de los acontecimientos.

En la física cuántica la posición del observador condiciona la realidad de lo observado. De igual modo, en todo aquello en lo que interviene la actividad humana (y la economía está presidida por nuestros comportamientos colectivos) la perspectiva del observador y la interpretación que hace de la realidad inciden directamente en lo que va a suceder. Incluso, en la mayor parte de los casos lo condiciona. Este es el principio esencial por el que las expectativas de lo que va a suceder marcan el ritmo de lo que al final, más o menos, llega a ser realidad. Casi es como el niño al que le dicen: “Ten cuidado que te vas a caer, que te vas a caer…” y al final ¡zas! el niño se cae. En cierto sentido, la advertencia provoca la caída del niño. Una circunstancia muy similar es la que estamos viviendo en nuestros días ante el persistente ataque de los mal llamados mercados sobre la deuda de los países pretendidamente más sensibles a caer. Tanto nos dice el padre mercado, o Merkel, que tengamos cuidado que nos podemos caer, que al final si no nos llegamos a caer poco nos va a faltar.

Usted recordará la España de mediados de los 90 en la que el señor Aznar se dedicó a prodigar el “España va bien”. Las expectativas eran esas y, al final, ellas mismas propiciaron que la economía se desatara con una intensidad pocas veces conocida, hasta las estribaciones de nuestra actual crisis económica. Claro, ni todo puede ir bien eternamente ni hay mal que cien años dure; en definitiva, todo tiene un principio y un final, tanto lo bueno como lo malo. Lo malo de lo malo es que duele más que lo bueno y todos preferimos las buenas rachas que nos proporcionan dosis de euforia que aumentan nuestra miopía sobre la realidad. En los años previos a la crisis muchos profetizaron que la burbuja estaba a punto de estallar. De hecho, casi todos lo hicieron, salvo los que entonces estaban en el poder, que eran los menos interesados en fomentar, expectativas en ristre, que la cosa se iba a poner tan mala como está ahora. Es cierto que hubo muchos profetas de corte barato que a base de decir que las cosas van a ir mal, al final acaban teniendo razón, como el niño que se termina cayendo. Pero también hubo voces autorizadas que nos decían que la economía se había recalentado, sobre todo por un mercado de la vivienda sobrevalorado. Colectivamente no quisimos hacerle caso porque eso significaba reconocer que en breve podíamos dejar de ser tan ricos como pensábamos y las penurias no iban con nosotros. Como al final así sucedió.

El carácter cíclico va implícito en nuestros genes y ello propicia que cualquier tendencia (o llámese expectativa) la estiramos hasta el límite del agotamiento. Colectivamente nos comportamos como hormigas en busca de la comida, una detrás de otra, sin mirar atrás y sin entender muy bien el porqué del recorrido; sólo sabemos que debemos seguir adelante, pues los que encabezan la marcha parece que saben a dónde van y les seguimos.

EuroveletaAhora estamos en un marco diferente. Habiendo superado el séptimo año desde que se inició la crisis y seguramente también rebasado el punto de máximo riesgo para la economía del país, que fue en el ecuador de este ciclo (a finales del 2012), aún nos queda trecho por recorrer hasta que el nuevo paradigma que ahora estamos construyendo se asiente definitivamente. Estamos ante los albores de los dos años decisivos para que el nuevo modelo económico y social, seguramente de las próximas décadas, quede más o menos dibujado. 2015 y 2016 van a ser años muy interesantes por la riqueza de expectativas que nos van a generar con respecto al futuro de esos próximos veinte o treinta años. Y en este marco diferente las expectativas son cambiantes de una semana a otra; en un periodo tan corto como dos o tres meses podemos experimentar sensaciones ambivalentes de euforia o de contrición. Las espadas todavía están en alto y la veleta de los vientos no sabemos aún hacia dónde puede señalar: sigue rolando con vientos cambiantes desde la política, el mercado, los mercados, el consumo, la generación o destrucción de empleo… Estemos atentos a todas las señales del mercado y de la sociedad, pero mi recomendación es que aún tenemos que esperar hasta que haya una tendencia clara que podamos seguir. Se podría decir que ahora estamos en un mundo en el que todo vale, mejor dicho, todo puede valer. Pero al final lo único que valdrá es aquello que, entre todos, consigamos asentar y darle el valor de la estabilidad; la volatilidad aún sigue siendo alta en la mente de todos los que conformamos el mercado, es decir la sociedad en general.

En cierto sentido estoy transmitiendo mi propia expectativa: el mundo sigue girando buscando su hueco, aún no lo ha encontrado. Mejor dicho, aún no sabemos si lo hemos encontrado o no; lo que sí debemos saber es que estamos creando una nueva sociedad, un nuevo marco de vida en todos los sentidos aunque no sepamos cuál va a ser.

 (*) Antonio Lamadrid es director de consultoría estratégica en Nexian Training y director general de Estrategia y Expansión en Corporación ITM. 

 

 

Dejar una respuesta

Su email no se publicará. Obligatorio *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Artículos que te pueden interesar

JOBSHUNTERS.ES es una revista de ANAC
Asociación Nacional de Agencias de Colocación